La faja es probablemente el elemento más presente en un post operatorio: se usa buena parte del día, se duerme con ella y convives con ella durante semanas. También es sobre la que circulan más mitos. «Mientras más apretada mejor», «si te la sacas se pierde todo», «hay un plazo fijo igual para todas».
Vamos a hacer algo poco habitual en un centro que trabaja post operatorios: contarte qué dice —y qué no dice— la investigación sobre la faja, y por qué aun así la indicación de tu cirujano sigue siendo la que manda.
Qué es y por qué debería funcionar
Una prenda de compresión aplica presión continua y distribuida sobre las zonas intervenidas. El razonamiento clínico detrás es intuitivo: contener los tejidos que fueron separados durante la cirugía, limitar el espacio donde puede acumularse líquido y dar sostén mientras la piel y la pared abdominal se readaptan.
Ese razonamiento explica que la faja se haya vuelto práctica estándar en cirugía plástica en todo el mundo. En Alfara Estética, en Antofagasta, una parte importante de nuestro trabajo es justamente acompañar el uso correcto de la prenda entre sesión y sesión, dentro de lo que indicó tu cirujano. De poco sirve un buen drenaje linfático manual si después la faja queda mal puesta el resto de la semana.
Ahora bien, que un razonamiento sea intuitivo no significa que esté demostrado. Y acá es donde tenemos que ser honestas contigo.
¿Qué dice la evidencia?
La evidencia científica sobre la faja post quirúrgica es limitada y no siempre coincidente. Vale la pena conocerla, porque explica algo que a muchas pacientes las confunde: que los protocolos varíen tanto de un equipo quirúrgico a otro.
Sobre la hinchazón. Aunque durante años se asumió que la compresión reducía el edema, un ensayo clínico aleatorizado con 32 mujeres operadas de abdominoplastía encontró lo contrario: el grupo que no usó faja mostró menos edema desde el día 24 en adelante (ensayo aleatorizado). Es un solo estudio, con pocas pacientes y en un solo tipo de cirugía, de modo que tampoco permite dar por cerrada la conclusión contraria. Lo que sí deja claro es que la frase «la faja baja la hinchazón» no está demostrada.
Sobre el seroma. Un ensayo aleatorizado con 34 mujeres operadas de abdominoplastía no encontró diferencias en el volumen de seroma entre quienes usaron faja y quienes no, ni al día 7 ni al día 14 (ensayo aleatorizado). Todavía no sabemos si la compresión influye en este punto.
Sobre el conjunto de la literatura. Una revisión sistemática de 2024 reunió todo lo publicado entre 2004 y 2024 y encontró apenas cinco estudios, con 130 pacientes en total. Su conclusión es que la evidencia disponible para recomendar la faja después de una abdominoplastía es de baja calidad (revisión sistemática).
Sobre cuánto tiempo usarla. Durante años no hubo ningún ensayo que comparara duraciones distintas entre sí. En 2026 se publicó el primero: un ensayo clínico aleatorizado con 120 pacientes operadas de abdominoplastía con reparación de diástasis, asignadas al azar a usar la prenda durante 1, 3 o 5 meses (ensayo aleatorizado). A los seis meses, el grupo de un mes no resultó inferior a los de tres y cinco en estabilidad de la pared abdominal, y al año la satisfacción estética fue igual de alta en los tres grupos. El uso prolongado se asoció además a una resolución más lenta del edema, menor flujo venoso y mayor presión intraabdominal entre el primer y el tercer mes, y a peor comodidad. Los autores concluyen que extender la compresión más allá del primer mes no mejoró la estabilidad, el contorno ni la satisfacción.
Es un ensayo reciente, uno solo, y en un escenario muy específico —abdominoplastía con reparación de diástasis—, así que no se traslada sin más a una lipoescultura, a una mamoplastía ni a una cirugía combinada. Y sobre todo: no es una instrucción para que te saques la faja antes de tiempo. Es un dato para que, si tu protocolo es largo y te está costando, lo converses en tu próximo control en vez de abandonarlo por tu cuenta y sin avisar.
Lo que sí está documentado son dos efectos medibles de la prenda sobre el cuerpo. Los mencionamos como información, no como advertencia en contra de usarla. Un estudio prospectivo con grupo control, sin aleatorización, en 34 mujeres, midió una mayor restricción ventilatoria en quienes usaron faja durante 30 días (estudio). Y un estudio piloto prospectivo con grupo control, en 22 pacientes, midió un aumento de la presión intraabdominal con la prenda puesta —de 2,63 a 4,5 mmHg—, valores que los propios autores describen como clínicamente no significativos (estudio).
Entonces, ¿me la pongo o no? Sí: la que te indicó tu cirujano, como te la indicó y por el tiempo que te dijo. Nada de lo anterior es motivo para cambiar tu indicación por tu cuenta. Quien te operó conoce la técnica que usó, qué se hizo en pabellón y cómo vas evolucionando: contexto clínico que ningún artículo de internet tiene. Lo que la evidencia explica es por qué los protocolos varían entre equipos, no que alguno esté equivocado. El tuyo lo define tu cirujano: sigue el que te indicó.
Qué aporta la faja en tu día a día
Contención y sensación de sostén
La mayoría de las pacientes describe que sin faja se siente «suelta» o insegura al moverse. Muchas refieren que esa contención les da más confianza en los primeros días, siempre dentro de lo que su cirujano les permitió hacer. Es un efecto sobre la comodidad y la confianza al moverse, y no una promesa sobre el resultado de tu cirugía.
Cuidado del tejido entre sesiones
Nosotras te vemos en la camilla un rato acotado; la faja está contigo el resto del tiempo. Que quede bien puesta, sin pliegues y en la talla correcta es de las cosas más concretas que se pueden cuidar en casa, junto con la presoterapia y el trabajo manual sobre el líquido acumulado cuando corresponden.
Para qué no sirve
- No moldea el cuerpo por sí sola ni define el resultado de tu cirugía.
- No reemplaza el trabajo kinesiológico ni las indicaciones de tu cirujano.
- No rinde más por estar más apretada.
- No es un producto estético ni una prenda reductora: es un elemento del tratamiento.
El mito de «mientras más apretada, mejor»
Este merece párrafo propio porque es el error que más vemos. Una faja demasiado ajustada no acelera nada, y suele traer sus propios problemas: marcas y pliegues sobre el tejido, molestias, dificultad para respirar profundo y roce sobre las heridas.
La compresión correcta es firme y pareja, sin dolor, sin hormigueo y sin dejarte marcas profundas. Si tienes que aguantar para usarla, algo hay que revisar: la talla, el modelo o cómo está puesta. Eso se conversa en la sesión y, si corresponde, con tu cirujano.
Las dudas que más nos llegan
«¿Puedo sacármela para dormir?»
Depende enteramente de tu indicación. Hay equipos que indican uso continuo los primeros días y otros que autorizan retirarla en la noche desde cierto momento. No existe un ensayo que haya comparado esquemas de uso diario, así que no hay una respuesta general correcta: la tuya está en tu hoja de indicaciones o se pregunta en el próximo control.
«¿Y si me queda holgada?»
Es habitual que la prenda vaya quedando más suelta a medida que baja el volumen. No es señal de que algo ande mal. Lo que corresponde es evaluar un cambio de talla o de modelo, y esa conversación va con tu equipo tratante, no con la vendedora de la tienda.
«¿Me la puedo sacar para hacer ejercicio?»
Esa autorización es parte del permiso para volver a la actividad física, y también la da tu cirujano. Conviene preguntarlo explícitamente, porque no siempre va incluido en el «ya puedes moverte».
«¿Si me la saco un rato se pierde el proceso?»
No hay evidencia que respalde esa idea. Lo razonable es cumplir tu indicación lo mejor posible y comentar en control las veces que no pudiste, en vez de angustiarte o de abandonar la prenda sin avisar.
Cómo usarla bien, paso a paso
- Déjala lisa. Un pliegue mantenido sobre tejido recién operado puede dejar marca. Revisa que quede sin arrugas cada vez que te la pones.
- Respeta las prendas indicadas. Si te indicaron espumas, planchas o refuerzos, van como te dijeron, no como acomode mejor.
- Mantenla limpia y seca. Idealmente ten más de una para poder lavar y rotar.
- Cuida las heridas. La faja no debería rozar directamente sobre las incisiones si tu cirujano indicó protegerlas.
- Revisa el ajuste periódicamente. A medida que baja el volumen, conversa el cambio de talla con tu equipo tratante.
- Anota tus dudas. Llegar al control con las preguntas escritas es la forma más simple de salir con indicaciones claras.
Señales para consultar
Contacta a tu cirujano si aparece alguna de estas situaciones:
- Dolor que aumenta con el uso de la faja.
- Hormigueo, adormecimiento o cambios de color en la piel.
- Marcas profundas que no desaparecen al sacarla.
- Irritación, heridas o roce sobre las incisiones.
- Dificultad para respirar con normalidad.
Cuando en una sesión detectamos alguna de estas señales, te lo decimos y te derivamos. No diagnosticamos ni damos altas: eso le corresponde a tu equipo quirúrgico.
La faja y el trabajo kinesiológico van juntos
Los dos forman parte del mismo plan. En cada control revisamos cómo llevas la prenda, si te queda bien y si ya corresponde conversar un cambio de talla con tu cirujano. Ese acompañamiento continuo —no solo la hora en la camilla— es lo que distingue cumplir sesiones de llevar bien un proceso.
Si te quedas con una sola idea de este artículo, que sea esta: la faja sigue siendo un tema abierto en la literatura, y por eso mismo la respuesta no está en internet sino en tu hoja de indicaciones. Pregunta en tu próximo control cuánto tiempo, cuántas horas y hasta cuándo, y anótalo.
Conversemos sobre tu post operatorio
Si te operaste o estás planificando tu cirugía y quieres que tu recuperación en Antofagasta la lleven kinesiólogas, revisa nuestros planes de post operatorio o escríbenos por WhatsApp al +56 9 5816 4000. Te evaluamos, revisamos cómo estás usando tu faja y armamos el plan que corresponde a tu etapa.
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- Cicatrices post quirúrgicas y kinesiología
Fuentes
- NHS — Abdominoplastía: recuperación y cuidados
- American Society of Plastic Surgeons — Recuperación de abdominoplastía
- MedlinePlus, Biblioteca Nacional de Medicina de EE. UU. — Cuidado de heridas quirúrgicas
Constanza González
Kinesióloga · Fundadora y Directora de Alfara Estética, Antofagasta
Última revisión: 4 de agosto de 2026
Este contenido es informativo y no reemplaza la indicación de tu cirujano ni la evaluación de una kinesióloga. Ante cualquier duda sobre tu recuperación, consulta con tu equipo tratante.